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1 junio, 2026
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La campeona del mundo que encontró en el Biguá un lugar de entrenamiento y comunidad
Hay historias deportivas que trascienden los resultados. Historias que hablan de esfuerzo, perseverancia y de todo lo que sucede detrás de una camiseta. La de Delfina Gratti es una de ellas y tiene, además, un lazo muy especial con nuestro club.
Delfina Gratti es una deportista neuquina. Hace 12 años que juega al handball y hoy se destaca como defensora de “Las Kamikazes”, la Selección Argentina femenina de Beach Handball que se consagró campeona del mundo en el Mundial de Croacia, disputado hace un mes.
De regreso de esta histórica participación argentina, Delfina eligió nuevamente nuestro club para entrenar. Esta vez, para realizar su preparación física en el gimnasio de El Biguá, combinando entrenamiento y alto rendimiento con un lugar que siente como propio.
Porque el vínculo de esta deportista de elite con El Biguá no es nuevo. Ella y su familia son parte del club desde hace más de una década y en su memoria guarda recuerdos de veranos junto al río, asados, encuentros con amigos y familia y, sobre todo, de esa esencia que define la vida de club: ser comunidad, compartir valores y vivir la pasión por el deporte.

Delfi entrena de lunes a viernes en el gimnasio del Club, siguiendo una rutina personalizada que recibe directamente del equipo de selección.
Darlo todo en la arena
Delfina comenzó a formar parte del proceso de preselección de la Selección Argentina de Beach Handball hace cinco años. El camino implicó viajes, concentraciones, entrenamientos y muchas horas de preparación en el Club Alta Barda, donde desarrolla su disciplina.
A principios de este año se propuso como uno de sus grandes objetivos integrar el equipo argentino que viajaría a Croacia. Para llegar a ese momento, durante los primeros meses del año viajó varias veces a Buenos Aires para entrenar con el seleccionado y sumar estímulos específicos en arena, una superficie que no tiene disponible habitualmente en Neuquén.
La confirmación de que integraría la lista definitiva llegó el 1° de junio y recuerda que su primera reacción fue llamar a casa: “Fue un orgullo y una felicidad muy grande cuando me confirmaron que quedaba. Lo primero que hice fue llamar a mi familia. Estaba muy contenta. Justo estaba en Buenos Aires, así que mi familia viajó unos días para verme antes de ir al Mundial”, recuerda.

Delfi se destaca como defensora de la Selección Nacional de Beach Handball. Su altura y solvencia física la convierten en una pieza clave para el equipo.
Ya en Croacia, la experiencia fue única. El equipo nacional fue avanzando partido a partido hasta llegar a la final frente a Dinamarca, donde Argentina se quedó con la victoria y con un título histórico para el handball argentino.
Delfina explica que, además del triunfo deportivo y del acompañamiento de varias familias que viajaron hasta Croacia para alentar a las chicas, hubo un momento que hizo todavía más especial la experiencia y que, asegura, no va a olvidar: escuchar el himno argentino antes de una final del mundo.
“Fue una sensación única. Fue hermoso ganar y estar con las familias de los que pudieron estar ahí. Yo creo que dejar la bandera argentina en lo más alto, para mí, eso es lo más importante”, reflexiona.

“Las Kamikazes”, la Selección Argentina femenina de Beach Handball que se consagró campeona del mundo en el Mundial de Croacia.
Un gimnasio preparado para grandes desafíos
Después de consagrarse campeona del mundo y ya de regreso en Neuquén, Delfina retomó su rutina deportiva. Continúa con su entrenamiento específico de Handball en el Club Alta Barda y, para complementar su preparación física, eligió el gimnasio de El Biguá.
Su rutina en el gimnasio incluye entre cuatro y cinco sesiones semanales y cuenta con un plan de entrenamiento diseñado de acuerdo con sus objetivos. Además, busca coordinar su preparación física con sus estudios, ya que se encuentra cursando el profesorado de Educación Física.
Al hablar del gimnasio de El Biguá, lo primero que destaca es algo que para ella resulta fundamental: cómo se siente cuando llega. “La verdad es que desde que llegué me sentí súper cómoda, bienvenida. Algo que tal vez parece una pavada o que se puede dar en cualquier espacio deportivo, pero no es tan así. Sentirte cómodo en el espacio, que la gente que entra salude, está muy bueno”, destaca.

Delfi destaca que lo que más le gusta de venir al Club es sentirse parte de una comunidad.
También valora especialmente el equipamiento del gimnasio y su adaptación a las necesidades de deportistas que realizan entrenamientos de alto rendimiento. “El gimnasio en materiales para mí está re completo. Tiene lo justo y lo necesario, y también materiales que a veces algunos gimnasios no tienen. A veces tienen muchas máquinas y no tienen pesas libres, por ejemplo. Este está súper completo”, explica.
A esto se suma, además del acompañamiento de los profesores, la posibilidad de compartir el mismo espacio con otros deportistas del club, como las chicas y los chicos de básquet o de canotaje, que también entrenan allí.
Así, encontró en El Biguá un espacio preparado para acompañar sus desafíos deportivos, pero también un lugar donde se siente cómoda desde que llega hasta que se va.

Delfi y su familia son parte de la comunidad del club. Sus hermanos juegan al básquet en El Biguá.
El Biguá, un lugar al que siempre se vuelve
La relación de Delfi El Biguá comenzó mucho antes de llegar al gimnasio. Su familia es socia del club desde hace más de 14 años y los veranos en el río, los encuentros con amigos y familiares fueron construyendo, con el tiempo, un vínculo que excede cualquier disciplina.
“Muchos veranos veníamos con mi familia a la pileta o al río. Y cuando era el cumpleaños del Biguá también estábamos, haciendo asado, con amigos o la familia. También hemos practicado algunas actividades acá. De hecho, mis hermanos siguen haciendo básquet. Siempre nos gustó mucho”, cuenta.
Para ella, una de las características más valiosas del club es justamente esa vida que se genera más allá de las disciplinas: sentirse parte de algo más grande. “Cada vez que vengo en el verano es como que todos se conocen y es lindo ver caras conocidas. Es como un sentido de pertenencia y sentirme cómoda”.

Delfi destaca que lo que más le gusta de venir al Club es sentirse parte de una comunidad.
También destaca el acompañamiento que las familias brindan a los chicos que practican deportes en el club. Ella sabe de la importancia de ese apoyo: “Yo sé que no hubiera llegado a esta instancia si no hubiera sido por mi familia, más allá de lo económico, desde el acompañamiento emocional”, asegura. Y esa misma lógica la reconoce en El Biguá.
Destaca especialmente el acompañamiento de las familias de los chicos de básquet, que se organizan, colaboran y celebran juntos los logros de los equipos. “Creo que es re importante para un deportista que sientas ese acompañamiento. Lo veo en básquet: acá, para las familias de los nenes, son todos sus hijos. Todos festejan cuando ganan, todos se abrazan, todos se mueven para el bien del equipo”, relata.
“Los chicos contagian la pasión y cuando empezás a formar parte de un club, si te comprometés de esa forma, das todo”, expresa.

Además de ser parte de la Selección Nacional de Beach Handball, Delfi también les da clases a jóvenes de 12 y 13 años y las motiva no solo a jugar cada vez mejor, sino también a disfrutar del proceso.
El deporte como ejemplo y motivación
Además de competir, Delfina también da clases de handball, donde comparte su experiencia con chicas de 12 y 13 años. Sabe que ocupar ese lugar también implica una responsabilidad: transmitirles la importancia de entrenar, comprometerse y, sobre todo, disfrutar del camino.
“Trato de motivarlas para que busquen su mejor potencial”, cuenta. “Siempre les digo que tienen que jugar tratando de dar lo mejor en cada entrenamiento y en cada partido, pero también que tienen que disfrutarlo”.

Delfi, sin dudas, es una campeona dentro y fuera de la cancha: una verdadera campeona del deporte.
Su propia historia se convierte así en un ejemplo para quienes recién empiezan. Una historia que habla de esfuerzo, perseverancia, acompañamiento y de la importancia de encontrar espacios donde crecer.
Su recorrido demuestra que un club puede ser mucho más que sus instalaciones y sus disciplinas. Es un lugar donde se construyen vínculos, donde las familias acompañan, donde los chicos encuentran referentes y donde los deportistas pueden seguir creciendo.
Hoy, una campeona del mundo entrena en El Biguá. Y su historia también forma parte de la historia del club.
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Conocé más sobre nuestro club en El Biguá.
